Uruguay.- El ministro de Relaciones Exteriores, Mario Lubetkin, expuso el martes 26 en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en Nueva York.
El canciller señaló el «sentido de la responsabilidad» que guían sus palabras en el contexto actual del mundo, sustentado en la «historia» de Uruguay «con la defensa del multilateralismo y del sistema de Naciones Unidas».
Recordó que actualmente Uruguay ejerce la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el Consenso de Brasilia y el G77 + China.
«Los principios jurídicos tales como la igualdad soberana de los Estados, el cumplimiento de buena fe de las obligaciones internacionales, el respeto a la integridad territorial, la solución pacífica de las controversias, la no intervención en los asuntos internos, la libre determinación y el no uso de la fuerza, resultan de obligatoria observancia», reflexionó.
«Cuando estos principios básicos se incumplen, todo el tejido que hemos construido voluntariamente y de buena fe para poder vivir y desarrollarnos en paz durante los pasados 80 años, se empieza a deshilachar», agregó.
A continuación se transcribe el discurso íntegro del ministro Lubetkin:
Debate abierto sobre la vigencia de los Propósitos y Principios de la Carta y el fortalecimiento del sistema internacional centrado en las Naciones Unidas
Nueva York, 26.05.26
Muchas gracias Sr. Presidente.
En primer lugar, quiero felicitar a la presidencia por organizar este oportuno debate de alto nivel sobre un tema tan central para la convivencia pacífica entre las naciones y la paz y estabilidad mundial. Asimismo, agradecemos al Secretario General Antonio Guterres por su ilustrativa declaración.
Hemos venido desde Uruguay para participar en esta importante discusión guiados por un alto sentido de responsabilidad; por lo que ha sido la historia de mi país con la defensa del multilateralismo y del sistema de Naciones Unidas; y porque en estos momentos, Uruguay ejerce la presidencia de dos mecanismos de integración regional, como son la CELAC y el Consenso de Brasilia, y a nivel internacional, como saben la presidencia del G77 + China, mecanismos profundamente comprometidos con en el respeto de los Principios y Propósitos de la Carta de la ONU.
En estos complejos tiempos que vivimos para la paz y seguridad internacionales, reivindicar en su globalidad y de manera no selectiva, la vigencia de los Principios y Propósitos de la Carta de San Francisco, resulta más necesario que nunca, ya que éstos son los parámetros más elementales que tenemos para lograr una convivencia pacífica y un buen relacionamiento entre las naciones y para no olvidarnos de que la única manera que tenemos de resolver los problemas globales es a través de la cooperación.
Los principios jurídicos tales como la igualdad soberana de los Estados, el cumplimiento de buena fe de las obligaciones internacionales, el respeto a la integridad territorial, la solución pacífica de las controversias, la no intervención en los asuntos internos, la libre determinación y el no uso de la fuerza, resultan de obligatoria observancia en su integridad. Cuando estos principios básicos se incumplen, todo el tejido que hemos construido voluntariamente y de buena fe para poder vivir y desarrollarnos en paz durante los pasados 80 años, se empieza a deshilachar, como lamentablemente lo hoy estamos presenciando.
Uruguay ha sido firme y coherente al defender cada uno de estos principios, exigiendo su respeto en cada ocasión en que éstos se han visto desafiados.
Desde 1921, cuando nos convertimos en el primer país del mundo en aceptar la jurisdicción de la Corte Permanente de Justicia Internacional, ha sido una posición tradicional en la política exterior de Uruguay, rechazar la amenaza y el uso de la fuerza y reclamar la solución de las controversias y de los conflictos que ponen en riesgo la paz y seguridad internacionales a través de medios pacíficos.
Este posicionamiento no es apenas retórico, sino que es muy tangible, a través de nuestra larga y rica tradición de participación en las operaciones de paz de las Naciones Unidas, en las que decenas de miles de cascos azules de Uruguay han dado el máximo, y varios han pagado incluso con su vida, por defender los Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y propiciar la estabilidad en las zonas afectadas por conflictos en las que se han desplegado. Uruguay reivindica la importancia de continuar apostando por esta valiosa herramienta para mantener y consolidar la paz a nivel internacional que hemos creado, legitimada no sólo por la legalidad internacional que conllevan los mandatos aprobados por este Consejo, sino por una evolución y mejora constante en la implementación de las arduas tareas encomendadas, especialmente la de protección de civiles.
Es con este mismo espíritu de contribución tangible a la promoción de la paz, que el actual gobierno uruguayo ha decidido lanzar una política nacional en construcción de la paz y facilitación del diálogo, a través de la cual, apoyados en nuestra sólida tradición pacifista y de búsqueda de acuerdos políticos, esperamos poder hacer una contribución positiva en esta materia, particularmente en nuestra región de América Latina y el Caribe, la cual debemos preservar como Zona de Paz en su sentido más amplio.
Sr. Presidente,
Los Estados siguen siendo los actores claves de las relaciones internacionales, pero nada de lo que hacemos dentro de nuestros países y como actores de la comunidad internacional tiene sentido, si los beneficios no llegan a las personas que integran nuestras sociedades; los beneficios derivados de vivir en paz y en sociedades justas pacíficas e inclusivas, en las que se respeten los Derechos Humanos y se promueva el desarrollo sostenible.
EL sistema de Naciones Unidas sin dudas tiene margen para ganar en eficiencia, claramente tiene que buscar ser más efectivo, así como deberíamos encarar reformas largamente postergadas, como las que harían que diversas entidades relevantes de este sistema sean más representativas, este mismo Consejo.
Sin embargo, no podemos mentirnos a nosotros mismos, ninguna actualización, reforma o ganancia en eficiencia traerá beneficios sustantivos y sostenibles en el mediano y largo plazo, si no reafirmamos el compromiso colectivo con los propósitos y principios de la Carta y si no ponemos a nuestra humanidad común en el centro de nuestros esfuerzos; si esas bases no están, el resto de lo que reconstruyamos se caerá, sea porque no tendrá donde apoyarse, o porque carecerá del más básico sentido de propósito.
Muchas veces uno valora más algo o a alguien después que lo pierde. A nivel individual eso es lo que pasa muchas veces con la salud o con un ser querido. A nivel nacional es lo que se ha constatado sucede con el apoyo a la Democracia y al Estado de Derecho, por ejemplo. Y a nivel internacional es lo que estamos seguros nos pasaría con las Naciones Unidas si la perdemos. Ya una vez nos pasó y terminamos con el conflicto más mortal y destructivo de la historia de la humanidad, luego del cual tuvimos que reinventarla. Hemos aprendido nuestra lección, no repitamos aquel error.